“No pierdan la esperanza, sigan de pie luchando”:
Maye Mora

Sus compañeras del Colectivo Solecito de Veracruz le dicen Maye. Ella tiene hoy 66 años de edad y es madre de Vicente Octavio Mora Colorado, quien fue sustraído de su hogar por la policía estatal en mayo de 2014 y encontrado en Colinas de Santa Fe, la fosa clandestina más grande que se ha hallado en América Latina.

Maye recuerda que ella y su esposo estaban en Yucatán, y que era un jueves, el día que les avisaron que unas personas irrumpieron en su casa y la de su hijo – separadas sólo por un patio– en Veracruz. Habían entrado a las cinco y media de la mañana, rompiendo las cadenas del portón con una cizalla y diciendo que tenían una orden de cateo.

Eran de 8 a 9 personas. Se dividieron: unos entraron a la casa de Maye y de su esposo y otros a la de su hijo, donde se encontraba él con su esposa. “En la de mi hijo iba uno que le llamaban también comandante”, dice Maye, según lo que le contó su nuera.

Entraron armados y a él se lo llevaron con una pistola apuntándole a la cabeza. Antes lo llevaron a la sala donde le hicieron preguntas.

En las dos casas saquearon todo lo que pudieron, cuenta Maye, “pero lo que más nos dolió es que se lo llevaron a él”.

Maye acudió a la fiscalía a poner la denuncia, donde le entregaron unos documentos para que fuera a Jalapa con una psicóloga y a que le tomaran las muestras de ADN, “pero eso fue lo único que pasó, no hicieron absolutamente nada más”.

Así pasó más de un año, hasta que en una misa que se oficiaba cada mes en el puerto de Veracruz para las personas desaparecidas, Maye conoció a unas integrantes del Colectivo Solecito de Veracruz.

Maye dice que se siente muy afortunada de pertenecer al colectivo, porque ha podido encontrar a su hijo. “Me he sentido acompañada en mi búsqueda, porque cuando estuve sola las puertas de las autoridades estuvieron cerradas para mí”.

Ella acude a reuniones gubernamentales, a los cursos que consigue el colectivo, a entrevistas; participa en las rifas que se organizan, en la recaudación de ropa para los bazares. “Todo es para recaudar para la búsqueda de nuestros desaparecidos”.

María de los Ángeles forma parte de un grupo de mujeres que se han convertido en defensoras de derechos humanos: de sus derechos, de los derechos de quienes están ausentes, de los derechos de todas las personas. “Para mí, un defensor de derechos humanos, en Veracruz o en donde quiera que se encuentre, es aquella persona que sirve de guía, que va como punta de lanza abriendo camino, tocando puertas para que toda persona que va detrás suyo pueda llegar a ser atendida en sus demandas, ya que a veces nos enfrentamos a personas que no nos toman en cuenta para nada”.

Maye dice que como parte de su labor no ha enfrentado riesgos físicos, pero sí ha riesgos emocionales, por la angustia y la impotencia de buscar y buscar y no encontrar a su hijo Vicente, de no saber nada de él. Maye hoy está enferma, en tratamiento de quimioterapia.

A lo que sí me tuve que enfrentar fue a los riesgos emocionales, porque sufri de mi insomnio por la angustia la impotencia de buscar y buscar y no encontrar a mi hijo, de no saber nada de él…. tan esa así que ahora me encuentro padeciendo cáncer de endometrio y estoy en tratamiento de quimioterapia.

“¿Qué pido para este 10 de mayo a la sociedad y a las autoridades? Que no cierren sus ojos ni tapen sus oídos ante nuestras exigencias para los desaparecidos, que son personas que reclaman justicia y merecen ser encontrados”. A las autoridades: que cada denuncia de un ser desaparecido o secuestrado no es sólo un expediente que va metido en un cajón, que recuerden que es una persona, que es un ser humano que los espera, que necesita de ellos.

“A todos los que tienen un desaparecido: que no pierdan la esperanza”.