“Ella no está aquí para exigir, pero estoy yo que soy su madre”
Araceli Salcedo

La vida de Araceli Salcedo Jiménez cambió repentinamente cuando su hija Fernanda Rubí, de entonces 21 años, fue desaparecida el 7 de septiembre de 2012 en Orizaba, Veracruz: "Dejó de ser una vida ordinaria, para emprender un largo camino de búsqueda, denuncia, riesgo y martirio”.

Araceli tiene hoy 47 años y dice que a partir de la desaparición de Fernanda Rubi –Rubis, como le dice de cariño–, a manos de la delincuencia organizada y con aquiescencia de las autoridades, ha tenido que aprender a sobrevivir día a día. Ella es fundadora y representante del Colectivo de Familias Desaparecidos Orizaba-Córdoba, que surgió a raíz de las trabas de injusticia a las que se enfrentaban ella y otras madres y padres que buscaban a una hija, a un hijo.

Ante la desaparición de un hijo no hay absolutamente nada por parte de las autoridades. Las autoridades eran indolentes, omisas, no hacían absolutamente nada por buscar a mi hija...

Desde que Araceli comenzó la búsqueda de Fernanda se convirtió en defensora de los derechos humanos en Veracruz. En su doloroso camino ha tenido que enfrentar la indiferencia de las autoridades, pero también acompaña y da seguimiento a los casos de las familias que se unen al colectivo. Como en muchos otros estados, son las familias quienes se encargan de buscar en vida, en muerte y en fosas clandestinas. Lo hacen, además, sin el acompañamiento necesario por parte de las autoridades; para ella y las integrantes del colectivo, estas búsquedas no se tratan únicamente de recuperar restos: “Se trata de dar verdad a esos restos, de regresarlos a casa dignamente, como ellos se merecen”.

Explica Araceli que para ellas la prioridad es buscarlos en vida, como deben regresar a casa, “como todas las familias y madres quisiéramos volverlos a ver: así, como ese día los vimos salir de nuestros hogares, así los queremos ver regresar”

Araceli ve como un compromiso el ser defensoras de derechos humanos y sabe que el colectivo se ha convertido en una esperanza para muchas familias, ha sido un impulso para que algunas personas que no se atrevían a denunciar por miedo comenzaran a alzar la voz. Sabe, sobre todo, que son ellas la voz de sus hijas e hijos que no están.

Por su labor de denuncia y de defensa de los derechos humanos, Araceli ha sido amenazada, perseguida y hostigada –Idheas la ha acompañado por estas amenazas sufridas– no sólo por miembros del crimen organizado sino por las propias autoridades: “te empiezas a volver incómoda en la búsqueda de la verdad”, dice Araceli. A las autoridades no les gusta que las señales. A su hija y a ella las han querido criminalizar: “simple y sencillamente te inventan una vida que no es, porque estás tocando intereses, intereses muy grandes”.

Cuando salen a búsquedas, también se han enfrentado a intimidaciones sin que las autoridades hagan algo.

De acuerdo con Araceli, el día de hoy acompañan a cerca de 250 casos de desaparición. Su trabajo incansable las ha llevado a encontrar fosas clandestinas: 26 personas han sido encontradas desafortunadamente sin vida, pero sus mamás ya no tienen la incertidumbre, dice Araceli, de dónde y cómo están. “Saben que sus hijos ya no van a sufrir más. Saben que sus hijos ya están descansando en paz y regresaron con ellos, regresaron a casa”.

Por fortuna, el colectivo también ha tenido alegrías, pues han encontrado personas con vida, y por eso su labor es una esperanza para decenas de familias: con su lucha salvan vidas. El colectivo, y personalmente Araceli, también acompaña casos de secuestros: ella dice que no sabe cómo describir lo que pasa cuando una persona regresa a casa: “nos podemos abrazar y empezar a sanar todos los días que estuvieron lejos de sus hogares”, no sé qué nombre ponerle, dice, “pero es algo que a mí me hubiese gustado, que me ayudaran en su momento y que Rubí el día de hoy estuviera conmigo”.

Desafortunadamente entonces no había colectivos, lamenta Araceli: “no había colectivos, no había el ABC de los desaparecidos y tuve que aprender sola… pero Rubí me puso en este camino, ¿verdad?, porque por ella empecé todo, y Dios me ha dado la fuerza, la esperanza y la fortaleza para seguir adelante”.

Araceli recuerda que lo único que puede hacer es seguir adelante: porque la lucha de por un hijo no termina y una madre nunca olvida”.

Finalmente, Araceli pide no más impunidad, no más desaparecidos, no más secuestrados, no más fosas clandestinas, no más feminicidios. Ya basta.